viernes, 9 de enero de 2009

La rana del norte de los bosques de américa tiene una gran capacidad de supervivencia, para sobrevivir en invierno. Mientras muchas de las especies ralentizan sus funciones corporales al mínimo para poder seguir viviendo sin desgastar la energía necesaria que necesitan para poder sobrevivir en el más crudo de los inviernos.

Se podría llegar a afirmar que simplemente estas ranas mueren aunque pueda parecer absurdo, pero no se aleja de la realidad de estos anfibios. Estos dejan de ser "seres vivos" para pasar a ser "Congeladores de Células".

Cuando ya se empiezan a ver los primeros vientos fríos del invierno, en la rana, confinada en su habitáculo bajo tierra, comienzan a sucederse una serie de cambios. Así, el flujo sanguíneo empieza a llenar de glucosa (un anticongelante natural) todas las células del anfibio. Inmediatamente, la sangre se congela hasta llegar al corazón, el cual pasa a un estado de crionización.

Una vez en esta situación, el anfibio es el equivalente a un cubito de hielo con forma de rana. De hecho, si se pisara o arrojara al suelo se rompería en miles de pequeños fragmentos. Dentro de ella, no obstante, subsisten las células, desconectadas, independientes y estáticas, sobreviviendo de la glucosa.

Cuando el invierno pasa, unas fibras alrededor del corazón de la rana empiezan a cargarse de electricidad estática. Cuando están suficientemente llenas, la sueltan de golpe, provocando lo equivalente a un electroshock, que pone en marcha el corazón. Esto hace que el proceso se invierta y la rana sea, de nuevo, un ser vivo con completa funcionalidad.

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