domingo, 4 de abril de 2010

Todo comenzó cuando Rubén Darío Gaviria, un joven residente de Medellín, Colombia, encontró en el jardín de su casa una ardilla. El animalito yacía debajo de un árbol, lástimado probablemente por la caída desde una rama. Gaviria recogió al roedor y lo llevó a su casa para protegerlo, no sin temer que su gata quisiera comérselo.

Sin embargo, Tito dejó que su dueño le acerque a la ardilla y enseguida le ofreció de su leche. El pequeño roedor no lo dudó y aceptó el ofrecimiento.

Quién también adoptó a la ardilla fue Paco, el hijito recién nacido de la gata, quien vio con buenos ojos la posibilidad de un hermanito y compañero de juegos. "Es como si la gata no notara la diferencia entre ardilla y gato", dice Gaviria acerca de la relación entre sus animalitos, quienes duermen juntos por las noches y disfrutan el calor y amor del hogar de Gaviria.

"El gato es un animal doméstico, que seguramente ha recibido mucho cariño de su dueño y es muy noble", explica José Barreiro, comunicador del Zoológico Santa fe, "así que esta gata vio que la ardillita necesitaba ayuda y se la brindó".

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